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febrero 23, 2016

Hola Alejandra, Hola Alfonsina. Un gusto. Desde los 16 las extraño. 

marzo 14, 2011

Se me dirá que todo es azaroso, empezando por el lugar en el que se vive, nada me puede importar lo que se me dice porque nunca nadie me dice nada cuando cree decirme algo.

marzo 29, 2010

“Lo infantil -escribe- tiende a morir ahora pero no por ello entro en la adultez definitiva. El miedo es demasiado fuerte sin duda. Renunciar a encontrar una madre. La idea ya no me parece tan imposible. Tampoco renunciar a ser un ser excepcional (aspiración que me hastía). Pero aceptar ser una mujer de 30 años... Me miro en el espejo y parezco una adolescente. Muchas penas me serían ahorradas si aceptara la verdad”







Alejandra Pizarnik

noviembre 11, 2009

me da vergüenza ver fotos de Pizarnik. Siento como se decepcionada cada vez que entro a mi blog y no puedo subir nada.


Razón: falta de inspiración.

Razón Real: no considero que nada me guste.

Razón Verdadera: no puedo traducir en palabras todas las cosas que siento ultimamente.

octubre 01, 2009

Exilio



                                                    A Raúl Gustavo Aguirre

 

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

agosto 31, 2009

he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá

agosto 16, 2009

quiero destruir la picazón de tus pestañas.

julio 21, 2009

Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik.

París, 9 de septiembre de 1971




Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.
Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.



Julio

julio 15, 2009

yo se que si alejandra pizarnik estubiera todavía en este mundo, ella me entendería.

Fragmento de carta a Rafael Squirru, que muchas ocaciones me hizo llorar.

Querido y admirado Rafael:

¡Qué linda carta la tuya! Inclusive el papel (perdón: sufro del complejo de Pensar) es magnífico (sabrás que soy une amoureuse de papier à écrire, una Gaspara para la Stampa de la estampa, una Louisse Labbé de las imprentas, una Mariana Alcaforado de los tipos (no confundir), una Sajo (no confundir) de todo aquello que sea papel, si bien tengo preferencias, ya justificadas, ya irracionales.)

Todo esto para disimular mi ansiedad o urgencia por decirte que tu carta me dió la profundísima alegría de sentirme comprendida del modo más sutil y, sobre todo, a fondo.

Los trabajos (tu humor en esa lista es delicioso) que me ofrecés son aceptados con gratitud y —salvo súbita posesión demoníaca— con la obvia seguridad de que (lo sabés) nunca te voy a defraudar. Puesto que además de necesitar —digamos biológicamente o para subsistir— un trabajo, a la vez quiero trabajar para los otros. Acaso escribir poemas provoque, entre muchas e indecibles cosas, la culpa por el amor solitario a las palabras.